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El AMLO del 2014

Todo o casi todo lo dicho por el señor Andrés Manuel López Obrador en años recientes –claro, sin contar las mentiras históricas sobre supuesto fraude electoral de 2006–, resultó ser una soberana mentira.

Fue mentira, por ejemplo, que el gasto presidencial del candidato Enrique Peña fuese ilegal. De hecho –y a partir del rigor del IFE–, el aspirante presidencial más gastalón fue AMLO. Resultó falso que el aspirante del PRI haya utilizado de manera ilegal a la firma Monex y a las tiendas Soriana, para ganar la elección. En los hechos, el candidato que más gastó en despensas, gorras, mandiles, camisetas y bisutería electoral fue AMLO.

También fue mentira, por ejemplo, que existiera una alianza entre la señora Elba Esther Gordillo y el entonces candidato Peña Nieto. Igual fue mentira que la líder del SNTE fuera a ocupar la titularidad de la SEP. Hoy, como todos saben, la señora Gordillo está en la cárcel –y su feudo destruido–, en tanto una mafia aún más perniciosa que la creada por Gordillo es apoyada por AMLO. Nos referimos a la CNTE, grupo mafioso que le cuesta aún más al Estado que la profesora encarcelada.

De igual manera fue mentira que la empresa Televisa haya hecho presidente a Peña Nieto –como si los ciudadanos fueran idiotas–, y que por eso se pudiera convertir en la empresa beneficiada del gobierno de Peña Nieto. ¿Por qué fue mentira? Elemental, porque gracias a la reforma de telecomunicaciones –propuesta sobre todo por el PRD–, ese y otros monopolios televisivos fueron controlados.

Resultó mentirosa la versión propalada por AMLO de que en la reforma fiscal, el gobierno de Peña Nieto fuera a imponer el IVA generalizado en medicinas y alimentos. Y fue de tal magnitud la mentira y el ridículo del tabasqueño que cuando vio que la reforma del PRI y de Peña en materia fiscal no tomaba en cuenta el IVA, AMLO se aventó la grotesca puntada de asegurar que gracias a sus movilizaciones –una desangelada manifestación–, el PRI decidió cambiar de idea.

Apenas hace días, a propósito de la reforma energética, López Obrador dijo que no asistiría a los foros convocados por el Senado para escuchar todas las voces en la materia. Argumentó que “tenía información”, que “contaba con un documento”, sobre “la farsa” del gobierno. ¿Por qué farsa? Porque según AMLO la reforma energética ya está pactada y hasta existe fecha y hora para su aprobación.

Es decir, que la reforma fiscal sí cambió de última hora –gracias a los titánicos esfuerzos de AMLO–, en tanto que la reforma energética está acordada desde hace meses y –según el documento supersecreto de AMLO–, esa iniciativa ya no cambiará. Y como ya todo está acordado y planchado para la reforma energética, pues entonces don López no asistirá al Senado porque “todo es una farsa”. En pocas palabras, que cuando la realidad no se acomoda a los deseos del jefe de “los morenos”, que se joda la realidad.

Y a partir de esa “chabacana” lógica de que la realidad debe acomodarse al contentillo de los deseos de don López, el dos veces derrotado candidato presidencial se aventó ayer una de las patrañas más simpáticas en muchos años.

Primero, don López montó uno de los más groseros acarreos que se hayan producido en el Distrito Federal en los últimos años –más grosero que el realizado por Peña Nieto el 15 de septiembre–, ya que ayer eran más de un centenar de autobuses provenientes de una veintena de estados.

Segundo, nadie entre la claque de don López ha sido capaz de transparentar el costo de ese descomunal acarreo, con lonches y todo. ¿Quién financia ese activismo?. ¿Quién mantiene a AMLO?. ¿Quién paga la costosa estancia de la mafia CNTE, que ya lleva más de un mes en el DF?. Esas preguntas elementales debían avergonzar a la llamada izquierda.

Tercero. Y lo peor del caso es que en su perorata “antitodo”, AMLO descalifica las mayorías constituidas legalmente en las cámaras del Congreso –y apeló al derecho de las minorías–, pero al mismo tiempo retorció la realidad y propuso que la reforma energética sea resuelta con otra mayoría, la de una consulta popular vinculante. Es decir, que las elecciones del Congreso y el Congreso mismo no sirven para nada. Solo sirve lo que conviene a don López; las mayorías a mano alzada. ¿De risa loca, no?

Más. Cuando AMLO era jefe de gobierno del DF, la ALDF aplastó con su mayoría a las minorías. El propio AMLO llamó “pirrurris” a los participantes en la más grande manifestación en la historia del DF. Hoy mismo la mafia amarilla en la ALDF aplasta de manera grosera a las minorías.

¿De verdad, alguien con dos dedos de frente puede considerar serio a don López? ¿De verdad, esa es la izquierda moderna? Al tiempo.

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