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¿Que es el amor?

 

Querido Diario:

 

-¿Qué es el amor?- Me preguntó como si esa pregunta tuviera una respuesta correcta.

 

Era un muchacho adorable. Con peinado estilo pastor inglés, piel banca, grandes ojos negros, timidez de venadito y una belleza discreta, a la que seguramente pronto sabrá sacarle provecho, por lo pronto, su desconfianza extrema le hace muy difícil hablar con chicas. Cuando está frente a ellas se queda mudo, la mente se le pone en blanco y no le viene a la cabeza nada qué decirles.

 

Desde luego no me llamó como terapeuta ni para preguntarme sobre el amor. Quería coger y cogimos. Después del intento fallido (casi una anécdota de American Pie), como buen muchacho, recuperó una generosa erección.

 

La mantuvo sin vaciarse cuando le puse el condón y cuando me la llevé a la boca. Todo lo tenía de adolescente joven, pero su sexo era descomunal, especialmente si lo comparabas con el resto de su cuerpo: flaquito, pequeño y poco viril, pero entre las piernas, un miembro grueso y largo, como rascacielos de Dubái. Me senté en él despacito, para que entrara sin lastimarme y, encorvándome para darle un beso, comencé a moverme. Él se quedó quietecito, sintiendo cómo su sexo entraba y salía. Mirándome hacerle el amor, buscando mis pezones con sus labios, pidiéndome un beso. Para cuando entró en confianza sus manos tenían más vocación de exploradoras que las de Indiana Jones. Pasaban de las piernas al abdomen, a las nalgas, a los pechos, al cuello. Cuando se vino pegó un grito que pensé que algo le había pasado (bueno, algo menos placentero). Se veía contento.

 

Ya en la mar en calma que viene siempre después de una deslactosada, su timidez disminuyó tremendamente. Al menos ya no temblaba y sus manitas no sudaban frío, pero se quedó callado boca arriba, viendo el techo. Estuvo en silencio unos cinco minutos, tal vez pensando qué decirme.

 

-¿Qué es el amor?- Me preguntó entonces. Es una de esas preguntas filosóficas para las que nunca se tiene una respuesta cierta, o al menos una que sea válida para todo mundo. Alguna vez escuché a alguien asegurar que amor es todo aquello que nos trae felicidad, pero hay amores tan culeros, que lo que traen son calamidades y dolores entre el corazón, la cabeza y la autoestima, pero aun así los sientes (confirmando no sólo aquello de que el amor es ciego, sino también pendejo y masoquista).

 

En vista de lo complicado del asunto, le respondí con lo más adecuado para ese tipo de preguntas esotéricas. Otra pregunta:

 

-No sé ¿Por qué?

-Es que… estoy enamorado…

-¿Ah sí? ¿De quién? Si se puede saber.

-De mi mejor amiga. La conozco desde primero y siempre me ha gustado mucho, pero hace poco nos hicimos más amigos y ahora no puedo sacármela de la cabeza. De lunes a viernes estoy con ella; sábados y domingos me dedico a extrañarla. Ella se sienta a un lado mío y yo aprovecho la mañana para verla. Aprenderme de memoria las líneas de su perfil, el trazo de su nariz, sus labios delgados, el mechón de pelo que le cae sobre la frente y que ella insiste en retirarse, y sobre todo, esa línea que se le dibuja en la mejilla cuando sonríe y que me hace sentir el corazón de atole. Cuando habla, no me importa escuchar nada más. Como nos sentamos juntos platicamos mucho. Haría cualquier cosa por ella ¡cualquier cosa!

-Pues entonces ¿Para qué me preguntas qué es el amor? Si es eso que acabas de decir: Son esas ganas que sientes de hacer cualquier cosa por ella. Y a todo esto ¿Se lo has dicho?

-¡No!- Dijo como si le estuviera proponiendo escalar el Everest -No me atrevería. Puedo manejar que no sepa que la quiero, pero no podría tolerar que me diga que ella a mí no ¿Me recomiendas decírselo?

 

Responder a esa pregunta con un sí o un no sería una irresponsabilidad. Todos hemos pasado por enamoramientos de esos, que te hacen perder desde el temple hasta el sentido común. Amores que con el tiempo resultan menos importantes de lo que imaginaste, pero en su momento son tu todo. Dar un consejo sin siquiera conocerla a ella sería tan insensato como darle el empujón a un barranco sin saber si ya se amarró del bongi.

 

-Pues no sé, tú la conoces más. En asuntos de amor la respuesta correcta nada más la puedes dar tú. Lo más importante es que seas menos tímido y no estar demasiado disponible. No sé por qué, pero cuando tenemos a alguien comiendo de nuestra mano, tendemos a perder el interés.

 

Traté de darle consejos, pero creo que lo mejor que le di (a parte de la desquintada) fue un masajito con piedras calientes. Después me fui a mi casa, todavía con esa difícil pregunta dando vueltas en la cabeza: ¿Qué es el amor?

 

Lo supe cuando abrí la puerta y mi adorado perrito, a quien había dejado solo todo el condenado día, brincaba, sonreía y abanicaba rapidísimo el rabito como si yo fuera lo único necesario en este mundo para hacerlo feliz. Eso es amor ¡Me cae!

 

¡Feliz día de San Valentín!

 

Ama y déjate amar,

Fuente Grafico

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